abril 04, 2017

Un yanki en la corte del Rey Arturo



Buscaba historias fáciles de leer, comedias, nada serio. Algo para entretenerme después de una mala racha. Así que consulté en internet un listado de libros para reír. Encontré una página con uno de esos listados y en ella, en uno de los primeros puestos, estaba Un yanqui en la corte del Rey Arturo.
«Esa, puede que la tenga en la carpeta de libros electrónicos de mi ordenador» pensé.


Será la típica historia de alguien que se despierta en el pasado sin saber porqué y que deslumbra a todos los que allí habitan con conocimientos del futuro que son tomados por magia. 
En principio lo es, y al parecer es la primera novela que narra que un tipo se traslada a una época que no es la suya... A ver, esa peli ya la he visto (que no leído) varias veces, una comedia. 
Me lancé a Un yanqui en la corte del Rey Arturo y resultó no ser lo que esperaba, una novela de aventuras —Decepción—. No me lo explico, Twain es el autor de Las aventuras de Tom Sawyer (tampoco las he leído) y de esa serie de dibujos tengo un gran recuerdo de cuando era un chiquillo. 



Pues que va, después de un buen número de páginas descubro que el yanki no se ha despertado en una época de leyenda sino que lo ha hecho en una de mierda.
Cuando yo esperaba una historia de simpáticos caballeros que matan dragones y rescatan princesas, descubro que los caballeros no son más que un hatajo de fanfarrones mentirosos.
Investigo por ahí (Wikipedia) y leo que Mark Twain evoluciona de escritor de versos humorísticos en un «cronista de vanidades, hipocresías y crueldades de la humanidad». 
Pues vaya si lo consigue. Leo también que fue un abolicionista. Claro. Por eso los siervos del reino del Rey Arturo son tratados como esclavos. Por eso hay esclavos en la novela. 

«Debe ser una mezcla humor con crítica social» pienso. Veamos: El principio del libro logra arrancarme alguna sonrisa. «Bueno, quizás más adelante voy a desternillarme».  Pues no mucho. 
Mark Tawin dedica gran parte del libro a la defensa de sus valores: El liberalismo y a la igualdad de derechos que presume en la nación americana. La libertad del individuo, el esfuerzo y el mérito para lograr el ascenso social (uno de los capítulos está dedicado a defender el liberalismo económico frente al intervencionismo del estado) como contraposición al absurdo de esa sociedad medieval (legendaria por cierto) que carece de dichos valores y que tiene a la cabeza, porque sí, a los que nunca han hecho nada para merecerla y están al mando solo por haber nacido con un apellido. Gobernantes ineptos que los son solo por ser nobles. 
Otra buena parte es una feroz crítica a los abusos contra los desfavorecidos, una denuncia de la miseria. Lo que no me queda claro es si lo que está denunciando son las condiciones de vida en el siglo VI o de su tiempo (lo parece) y subyace en la novela el desprecio, no ya solo por la tierra donde despierta el personaje, sino por la Inglaterra actual (la del siglo XIX) que sigue siendo una monarquía en la que Twain ve depositados muchos de los males que los Estados Unidos han logrado superar. Mientras que en la vieja isla se dedican a erigir estatuas de pésimos reyes (en opinión de Twain), el suyo es el país en el que se venera a Edison, a Morse o a Tesla. ¿Por qué se olvida Twain de Newton? Será, llevado por un cierto materialismo, que no legó un inventó que se pudiese tocar. 

Bien, medio libro dedicado a la política y crítica social o a criticar duramente a la Iglesia Católica:
«En solo dos o tres siglos habían transformado una nación de hombres en una nación de gusanos. Antes de que se instaurara la supremacía de la Iglesia en el mundo, los hombres eran hombres y podían llevar la cabeza erguida, y tenían el orgullo propio de un hombre y su valor y su independencia, y las grandezas y posición que podía alcanzar una persona eran debidas principalmente a sus logros, no a su nacimiento. Entonces apareció en escena la Iglesia, dispuesta a llenar sus arcas como fuese.»
(Mark Twain, Un yanki en la corte del Rey Arturo)

Ya está bien ¿Cuándo me río?
Sí que lo hago (imaginad una carga de caballeros andantes en bicicleta), aunque la mayoría de las veces se me heló la sonrisa a la vuelta de la página (Figuradamente. Leo en libro electrónico). Las desgracias relatadas son muy tristes, son brutales.
Como brutal es la violencia. La hay a porrillo (Twain se me revela como una suerte de Tarantino del finales del dieciocho, y eso me encanta). Con cada capítulo es más grande. Violencia, cruda, brutal y directa. Masacres y  muertos a montón por una buena causa (o eso creía el yanki).
En realidad el libro evoluciona de esa manera: De hechos relativamente pequeños a sucesos inmensos que involucran a todo un país.
Parecería que al final el yanki no está en la Inglaterra del siglo VI sino sufriendo pesadillas o en algún país de este mundo del XXI. Las desgracias que sufre lo son, por desgracia, intemporales.
Pues eso, maldita la gracia de quien incluyó esta novela en un listado de libros para reír...Pero al final gracias. Gracias por haberlo hecho porque de otra manera no me hubiese acercado nunca a esta magnífica obra de la que guardaré gran recuerdo.


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